Los antiguos cellers: lugares donde Mallorca todavía se sienta a la mesa

Los cellers nacieron como bodegas, se convirtieron en lugares de encuentro y ayudaron a conservar la cocina mallorquina. Hoy algunos luchan por no desaparecer.
Celler Sa Premsa, en Palma, con sus grandes botas de vino

Antes de ser restaurantes, fueron lugares de paso y encuentro

En Mallorca, la palabra celler no designa únicamente una bodega.

Estos espacios nacieron ligados a la elaboración y la venta de vino a granel. En localidades agrícolas como Inca, las personas acudían con sus recipientes para llenarlos directamente de las grandes botas de madera. A veces llevaban también algo de comida y aprovechaban el fuego del local para calentarla.

Sin proponérselo, alrededor del vino fue apareciendo algo más: un lugar donde detenerse, encontrarse y compartir mesa.

Según explica la cocinera mallorquina María Solivellas, Inca llegó a contar con unos cuarenta cellers en el siglo XVII. Después de la filoxera, cuando muchas bodegas dejaron de producir vino, algunos de estos establecimientos se transformaron en restaurantes. Los platos que antes se reservaban para las celebraciones familiares pasaron a formar parte de sus cartas y los cellers se convirtieron en referencias de la cocina tradicional de la isla.

Cuando desaparece un lugar, no se pierde solo un edificio

Los cambios económicos, la pérdida de la industria local y una oferta gastronómica cada vez más orientada al visitante fueron debilitando su papel. En los años ochenta todavía quedaban alrededor de veinte cellers en Inca; hoy, de acuerdo con Solivellas, sobreviven apenas cuatro.

El problema no es únicamente numérico. Cuando cierra uno de estos espacios desaparecen también una arquitectura, una manera de cocinar y una forma de relación. Se pierde el lugar donde varias generaciones han celebrado, conversado o comido juntas.

La cultura viva rara vez desaparece con una gran ceremonia. A menudo lo hace poco a poco: una puerta que deja de abrir, una receta que ya nadie prepara, una mesa que se sustituye por otra más fotogénica y menos vinculada al lugar.

Celler Tonet: conservar sin convertirlo en museo

Cuando el histórico Can Marrón, en Inca, anunció su cierre, María Solivellas decidió hacerse cargo del establecimiento. El espacio, vinculado a la vida local desde el siglo XVII, renació como Celler Tonet.

El proyecto no busca reproducir una postal inmóvil del pasado. Ha mantenido las grandes botas de madera, parte del mobiliario y la arquitectura del local, pero los ha conectado con una mirada contemporánea. Los vinos proceden de variedades mallorquinas; la cocina de leña recupera sabores y técnicas; los productos locales vuelven a relacionar la carta con el territorio.

También se quiere recuperar su función social mediante catas, proyecciones y encuentros culturales. Esa decisión resulta especialmente importante: un celler no sobrevive solo porque se conserven sus paredes, sino porque vuelven a ocurrir cosas dentro.

La tradición no consiste en repetir

Conservar una cultura no significa obligarla a permanecer igual.

Una tradición que solo se ofrece como representación para el visitante termina perdiendo contacto con las personas que la crearon. En cambio, cuando se revisa desde el respeto, puede seguir evolucionando sin borrar su origen.

Los antiguos cellers explican una Mallorca distinta de la que aparece en los folletos de playa. Hablan de agricultura, vino, industria, celebraciones familiares y comunidad. Nos recuerdan que la gastronomía no es una lista de platos típicos: es una red de lugares, productos, recuerdos y personas.

Sentarse también es una forma de conocer una isla

En Savia hablamos mucho de caminar. Caminar permite observar cómo cambia el paisaje, acercarse a los pueblos y dejar que el viaje encuentre su propio ritmo.

Pero también hay que saber sentarse.

Sentarse en una mesa con historia. Preguntar de dónde procede el vino. Escuchar por qué un plato se preparaba solo una vez al año. Entender qué se está intentando salvar y por qué merece la pena hacerlo.

Mallorca se lee en sus caminos, en sus escritores y en la piedra de la Tramuntana. También se lee alrededor de una mesa.

Para seguir el viaje

Mallorca forma parte de las islas que inspiran Savia Voyages. Una isla de caminos, literatura, oficios y lugares que siguen reuniendo a la gente. Puedes descubrirla en la guía gratuita Cinco islas que se leen caminando.

Fuentes consultadas

Foto de portada: Matthias Süßen · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Hay islas que también se leen caminando.

Una pequeña guía para empezar a descubrir el universo Savia.